
Cuando niño no disfrutaba de la televisión, internet, ni de otros avances de la cibernética, apenas, mis hermanos y yo estábamos felices con los programas de la radio, como El gran radioteatro de la historia, presentado en una serie de episodios que escribía, diariamente, el prolífero Jorge Inostroza – de ahí nació la motivación y gusto por la historia, más que por las clases de mis profesores -. Si entendiéramos que la educación fuera del aula es tan o más importante que la transmitida de generación en generación por los profesores, no tendríamos la pésima televisión pública de hoy y, además, la proliferación de periodistas tipo Google, que creen dominar todas las áreas del saber con sólo consultar alguna página web e, incluso, se atreven a contradecir a quienes, en conciencia, han dedicado su vida a determinada área del saber.
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