
1.- La exclusión como experiencia histórica
Mi generación nació con la “transición democrática” latinoamericana. Democracias mutiladas por el Plan Cóndor y el exterminio de miles de campesinos, obreros, estudiantes, militantes populares que enfrentaron la bestia capitalista, anhelando la justicia social y la emancipación de sus pueblos. Democracias con olor a derrota y privatización, entrega y saqueo, transa y corrupción. Conocimos el fariseísmo político en su grado superlativo y a los que, parafraseando al Che, ya no llevaban a los pobres ni a la patria en el corazón para luchar por ellos sino en la lengua para vivir de ellos.
La flamante ministra de Educación, Adriana Delpiano, en el primer día hábil tras su designación en esta cartera el sábado pasado, dijo este martes que sólo se sentará a negociar con los profesores si éstos terminan con el paro, el que esta semana ya cumple un mes. Desde el Colegio de Profesores le respondieron a Delpiano con la convocatoria a una nueva marcha para este viernes.




La promoción del ministro Nicolás Eyzaguirre a la Secretaría de la Presidencia no logrará disimular su fracaso en resolver el Paro del Magisterio, las demandas estudiantiles y en definirle un rumbo certero a la Reforma Educacional. Más de un año de conflictos y toda suerte de movilizaciones sociales que no fue capaz de encarar pese a la enorme cantidad de asesores y recursos con lo que se le dotó para ejecutar el proyecto estrella de la actual Administración. Pero ya se sabe que los gobiernos de la posdictadura premian a los más ineficaces o, en su defecto, les depara un buen destino diplomático, incluso a los que incurren en actos de corrupción.
