
La novela 1984 de George Orwell fue escrita como una utopía, una concepción de un mundo ideal desarrollado por el autor. Además de ser distópica, es decir, un tipo de mundo malo, indeseable en sí mismo, fue un adelanto para nuestros tiempos. El lema del Gran Hermano fue, “Quien controla el pasado controla el futuro, quien controla el presente controla el pasado” y era lo que se describía manipulando la prensa, la literatura y fundamentalmente los medios de comunicación.
En el presente artículo vamos a repasar por los acontecimientos políticos y sociales que marcan la pauta económica de la primera parte del siglo. Un referente es lo acontecido en la misma etapa en los siglos XIX y XX para ver si estamos o no ante una señal auspiciosa. Lo que está claro es que se está ante un horizonte conflictivo que no tiene señales de acabar pronto.
Algunos indicadores y opiniones sostienen que no estamos en crisis, aunque hay otros que dicen lo contrario. Sin embargo, cuando se amplía la manera de ver el curso de la crisis, no solo se aprecia que ya está instalada, sino que aumenta la convicción de un daño más extenso que sobrepasa a la economía y las finanzas. Corresponde a los daños colaterales que creó el modelo neo liberal en el tiempo que demoró en profundizar la aplicación de su política. Esta conclusión permite explicar que existen causas indirectas de la caída de la demanda, porque se ha formado una rigidez en los enclaves legislativos, que avasallan al consumidor, hasta que paralizan el poder adquisitivo de la gran mayoría de la población, de donde surgen los signos de agresividad. 
Los chalecos amarillos, (Gilets jaunes), es un peligro en ciernes tanto para Piñera como para todos los gobiernos de extrema derecha que se han instalado en América Latina, porque la falla estructural del modelo neo liberal, es la misma en todos los países. Los chalecos amarillos de Francia, Bélgica, Holanda, encarnan y denuncian la precarización del trabajo, la pérdida de valor de la vida.
Cuando hablamos de guerra económica, lo primero que se nos viene a la cabeza es una disputa entre bloques (EEUU, China y Unión Europea, principalmente), pero la verdadera guerra económica vigente es la que el capitalismo en su conjunto está librando contra la humanidad y el propio planeta.
El fenómeno de la globalización económica ha conseguido que todos los elementos racionales de la economía estén interrelacionados entre sí debido a la consolidación de los oligopolios, la convergencia tecnológica y los acuerdos tácitos corporativos, neoliberalismo económico que sería el culpable de que según la OIT para el 2.019 el número total de desempleados en el mundo sería de 213 millones (6% de la población activa): Ello estaría aunado con un déficit de 65.000 millones de dólares en los presupuestos de los países pobres y con cerca de 44 millones de personas viviendo en la absoluta pobreza según Intermón Oxfam, por lo que las autoridades económicas mundiales debieran impulsar la frágil recuperación económica global, promover una capacidad productiva diversificada y garantizar una evolución equilibrada de los ingresos, objetivos que no tendrán su plasmación en la agenda de la próxima Cumbre del G20 a celebrar en Buenos Aires a finales de Noviembre.
En la crisis subprime del año 2007-2008, los países más afectados perdieron un promedio del 9% de su producto bruto per cápita. Esto se compara con una pérdida promedio de sólo un 6% del producto bruto per cápita en las catorce peores crisis que se produjeron después de la segunda guerra mundial.
Mientras la obesidad crece de manera descontrolada en América Latina y el Caribe, persiste la presencia de personas subalimentadas, establece un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidad para la Alimentación y Agricultura (FAO) presentado ayer.