Probablemente las siguientes palabras que se infiltren en tu mente no tendrán el más mínimo impacto en el acontecer humano. Eso de que el vuelo de una mariposa en África puede generar una tormenta en América parece ser que no es cierto, o al menos no se percibe como verdadero, en el acotado tiempo disponible para experimentar todo lo que de humano tengamos. Un fantasma desolado, harapiento y que ya ha abandonado toda esperanza, como siguiendo las instrucciones puestas por Alighieri en las puertas del infierno, recorre mi alma. No sirve de nada teclear hasta que el pulpejo se desangre o alcanzar un atisbo de verdad al intentar desnudar una idea superando el pudor que nos inmoviliza. Lo que se escribe no tiene utilidad, es un desecho de la vanidad y un relave de nuestra ansia de inmortalidad. Clarificado este punto, me siento libre para conectarme con mis profundidades y si en este camino logro rozar por azar, el ánimo inquieto de alguien o logro abrir una puerta a una sensibilidad no descubierta, se abrirán tantas posibilidades que finalmente nadie sabrá si terminarán en buen puerto. A navegar, entonces con las velas desplegadas, sin rumbo fijo y solo como brújula la escurridiza verdad.
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