Parece increíble que una reforma tributaria – como la propuesta por el actual gobierno – que no toca al capital financiero, a la minería y a los bancos, y sólo tibiamente pretende terminar con el FUT en un largo período de cinco años, haya provocado una “guerra tonta”. En un comienzo, parecía que la derecha y los ricos no iban a armar un escándalo – al fin y al cabo, muchos de los concertacionistas son tan o más neoliberales que la derecha dura, y todo indicaba que, como en su anterior mandato iba a reincidir en las promesas incumplidas – y, como siempre, en las luchas entre las dos castas – Concertación y Alianza – jugaríamos a las cachetadas del payaso a las cuales nos tienen acostumbrados desde hace 25 años. Sin embargo, no es el texto de esta moderada reforma tributaria la que ha desatado la guerra sino, simplemente, una estrategia de la derecha, ayudada y avalada por los empresarios para salir del aislamiento al cual estaría condenada por un largo tiempo.
Leer más