
Es increíble. Cuando escucho una entrevista hecha a Érika Muñoz, la presidenta de la Confederación de Padres y Apoderados de colegios particulares subvencionados, hecha por Rayén Araya en Bío Bío, no puedo sino sentirme de acuerdo. Plantea una critica feroz a la educación municipalizada porque carece de autonomía; a la ausencia de énfasis en la educación de niños con capacidades diferentes, dado a que el 75% es subvensionada o privada, pero no estatal; a que no esté en el debate la educación técnico-profesional y la educación para adultos… No puedo estar más de acuerdo en que justamente en estos vacíos es donde se cae la reforma educacional y la razón fundamental de porqué no se hace sentida por la “gente”. Y es increíble. No porque yo esté de acuerdo con estos contenidos que delaten una reforma procedimental, bajo el principio de subsidiariedad del Estado, que Eyzaguirre admitió carece de “meta” o “proyecto país”, porque los planes y programas no son tema, pues ya está en manos de “expertos ampliamente calificados” y porque es más importante hablar de plata, que de “abstractos” como dijo en Tolerancia Cero. Es increíble que esté de acuerdo, porque lejana a la primera ojeada a la “Marcha por el Lucro”, la señora Érika lo que hace en realidad, al igual que yo, es clamar por más Estado, por una sociedad de derechos y por más protagonismo de los actores sociales: profesores, estudiantes y apoderados y de todo este pastiche que deambula en la nada entre los ricos y los pobres, comprando a crédito una posición social.
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