
El mercado está sujeto a permanentes fluctuaciones y es extraordinariamente sensible a los avatares políticos. Los precios de las mercancías pueden subir o bajar de acuerdo a esas eventualidades. Y eso afecta las relaciones comerciales internacionales; crea temores, incertidumbres. Las grandes empresas, para hacer sus negocios, necesitan tener la seguridad que, a pesar de esas alteraciones, sus proveedores no interrumpirán el flujo de mercancías que acostumbran a enviarles y, por consiguiente, no se paralizará la producción de sus fábricas. Un interés similar tienen, también, las empresas que proveen a aquellas de las materias primas que necesitan pues tampoco quieren ellas ver interrumpido el flujo de pagos a recibir por la venta de sus productos. Para asegurar la satisfacción de ese interés recíproco se ha extendido en los negocios internacionales la práctica de celebrar contratos de venta a futuro cuya finalidad es, precisamente, comprometer tanto la entrega de materias primas como de sus pagos, a pesar de tales avatares, durante un período que se acuerda de antemano. Pero nuevas prácticas exigen nuevas aficiones o especialidades. La venta a futuro exige de especialistas que se dediquen al estudio de los factores que hacen posible la celebración de tales convenios. Porque es necesario considerar factores que pueden influir en esas operaciones y provocar eventuales crisis. Surgen, entonces, los ‘expertos’ en ventas a futuro cuya finalidad es colaborar a resolver los problemas que acarrea la celebración de convenios de esa naturaleza.


Los otrora ahorristas de la ya desaparecida libreta azul del entonces Banco del Estado –hoy BancoEstado, según su denominación comercial–, deben recordar con cierta nostalgia ese sumiso y hasta pueblerino ejercicio que hacían de vez en cuando frente al mesón del banco para pedirle a un funcionario que actualizara su saldo, para luego salir ufanos o deprimidos de la sucursal con una nueva e ilegible fila impresa en su libreta, que daba cuenta de su último estado financiero; y qué decir de ese gesto técnico efectuado frente a la ventanilla de la caja para realizar algún giro desde su cuenta vista, operaciones que, aunque ya sea historia vieja, eran gratuitas.
No cabe duda que los ataques que han aparecido en la prensa, en contra de Laura Albornoz, directora de Codelco, por haberse atrevido a sostener que la administración de Thomas Keller en Codelco fue pésima, han sido teledirigidos por las mineras extranjeras. Con ello quieren hacer olvidar que efectivamente la gestión de Keller fue pésima y raya en el fraude, como lo sosteníamos en la siguiente columna de septiembre de 2013, que hoy es necesario recordar, para respaldar las fundadas afirmaciones de Laura Albornoz, sobre Thomas Keller.
Hace unos días, Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, aseguró que 1.000 millones de personas viven hoy en la pobreza más extrema. Es la séptima parte de población, casi un 15% de habitantes de la Tierra. Para señalar la gravedad de la situación, Kim indicaba que “para acabar con esa pobreza extrema se necesitaría que un millón de personas dejara ser pobre cada semana durante 16 años”.
