Si Michelle Bachelet fuera la solución a todos los males que aquejan a la sociedad chilena sin duda que, en las próximas elecciones presidenciales, yo también votaría por ella, pero la realidad es muy distinta, pues dadas las circunstancias ideológicas de la ex presidente, más cercanas a la centroderecha en lo político y económico, ella no es garantía de ser la solución a las injusticias sociales y económicas que sufre la población, y menos es solución a la corrupción política y empresarial. Con toda seguridad Michelle Bachelet será la próxima presidenta de Chile, y la dirigencia de la Concertación pasará de su actual discurso crítico al sistema, por lo menos públicamente, a apoltronarse nuevamente en los cargos públicos, exhibiendo la arrogancia e inconsecuencia que demostró durante los veinte años que gobernó bajo la férula de la Constitución de 1980 y fortaleciendo, además, el modelo neoliberal.

