
Nunca ha sido más evidente que hoy aquella frase del Quijote “Llegaron los sarracenos y nos molieron a palos, pues Dios favorece a los malos cuando son más que los buenos”. Claudio Orrego creyó que bastaba con invocar a Dios para que la Democracia Cristiana saliera del marasmo en que se encuentra, desde comienzos del siglo XXI – al parecer, el Ser Supremo terminó favoreciendo a la agnóstica, Michelle Bachelet – y no es nada raro, pues hasta la curia romana está en graves aprietos y, además con el agravante de estar dominada por las mafias masónicas. La Democracia Cristiana, en su época de gloria, (1964-1966), siguió el consejo de Diego Portales de “no creer mucho en Dios y sí en los curas”, y qué bien le fue al seguir este precepto: sin el apoyo decidido de los Jesuitas y su Revista Mensaje, no hubiera sido tan exitosa La Revolución en Libertad.
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