
La final soñada le cae de regalo a la presidenta Rousseff.Se temía que volvieran los 300 mil que se presentaron a las afueras del gran estadio el 20 de junio.Pero llegaron muchos menos en parte porque rápidamente la mandataria cede a las demandas de la no subida de los pasajes y porque Brasil estaba en la final con un equipo renovado y con la promesa del nuevo dios Neymar y frente a los campeones del mundo. Una España en crisis.




