El 23 de agosto, rebeldes libios izaron su bandera en Bab al-Aziziya, el que fuera una vez el inexpugnable complejo de viviendas donde tenía su cuartel central Muammar Kaddafi en Trípoli, aunque el dictador se mantenía como tal, en términos generales, la caída de uno de los centros nerviosos del régimen tuvo un gran poder simbólico y pareció ofrecer una prueba definitiva de la fortaleza de los rebeldes. Así y todo, en varias cadenas noticiosas empezó a surgir una historia diferente sobre la rebelión: junto con la bandera tricolor, la media luna y la estrella de los rebeldes, en el campamento de Bab al-Aziziya flameó fugazmente la bandera marrón y blanca de Qatar, el pequeño emirato árabe, rico en gas y distante más de 3.200 kilómetros de allí.
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