Para quienes nos negamos a atosigar Santiago con más autos y camionetas–cuyos usuarios, dicho sea de paso, reclaman por el valor del tag cuando van al mall– el transporte público personificado en el Metro, la Micro, los taxis y Uber constituyen las alternativas. El más rápido y eficiente a la hora peak es el Metro. Y el más ingrato también. Es un sumidero de incivilización. Credencia, Transporte y Proscenio: todo a la vez. Haga el ejercicio de viajar de una estación a otra y es como pasar una temporada entre Sierra Leona y Liberia. Abandonarlo da sentido de alivio, al fin un poco de consuelo, aire fresco, pero momento, si es que puede hacer entender a la gente de las escaleras mecánicas que si van a estar allí plantados, al menos dejen el lado izquierdo libre. Libre.
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