
El espontáneo aplauso que esa noche del 13 de diciembre en la sede del Senado de Francia hizo un paréntesis en mi intervención cuando hablaba del trabajo realizado por el juez Juan Guzmán tras la querella del 98 contra Pinochet por todos los crímenes de la dictadura, me ha parecido la evidencia más concreta del reconocimiento generalizado de la comunidad internacional ante los avances en nuestro país en materia de verdad y justicia, a pesar de las inmensas dificultades que ha debido enfrentarse y de lo mucho que falta por hacer.

El programa de Michelle Bachelet (MB) en educación tiene un mérito inicial, nos ofrece el reconocimiento implícito de lo que nunca se aceptó por parte de los gobiernos de la Concertación: el fracaso de la llamada reforma educacional. El documento señala, en el ámbito de la educación escolar, que “Chile ha conseguido importantes logros en materia educativa: cobertura, alta inversión en infraestructura, equipamiento y programas focalizados. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, la desigualdad educacional y la segregación continúan en niveles alarmantes y la Educación Pública se ha visto especialmente reducida y fragilizada”




