La primera huelga general proclamada durante los 60 meses de los dos gobiernos sucesivos de Cristina Fernández de Kirchner tuvo un importante éxito en las principales ciudades del país. La CGT, dirigida por el camionero y ex vicepresidente del Partido Justicialista (peronista), Hugo Moyano; la CGT Azul y Blanca, liderada por el peronista de derecha, Luis Barrionuevo; la CTA opositora, de Pablo Micheli, y la Federación Agraria Argentina, que agrupa principalmente a arrendatarios y pequeños patrones rurales, con el apoyo de organizaciones sociales y partidos de izquierda llamaron a parar para obtener fundamentalmente la supresión del absurdo impuesto a las ganancias sobre los salarios obreros, para generalizar las subvenciones familiares, por un importante aumento del salario mínimo y por la derogación de la llamada ley antiterrorista, que permite encarcelar a huelguistas y luchadores sociales.
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