En los últimos decenios, Chile ha sufrido cambios tan profundos que, bien puede hablarse de un país rediseñado. La experiencia traumática de un Golpe Militar lo ha transformado en todos los ámbitos. Bastará citar a modo de incompleto catastro, la irrupción de un diseño antropológico y social llamado sociedad de consumidores, mediatización de la sociedad y de la actividad política, en fin, expansión de una cultura más cosmopolita o global, como afirman algunos. Al mismo tiempo, sin embargo, persisten aquellos males que fueron diagnosticados durante el siglo pasado: una pobreza extrema que bordea el quinto de sus habitantes, una distribución desigual de la riqueza, una sociedad de estratificación cuasi colonial de escasa movilidad, magros resultados en cualquier análisis desapasionado de los sistemas de salud pública, educación o previsión social, todos síntomas inequívocos de aquello que se llamó subdesarrollo.
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