
La energía social emancipadora no desaparece ni se esfuma. Se transmuta, se transforma y se convierte en algo diferente, capaz de impulsar nuevos movimientos, sin perder sus rasgos básicos aunque se presente de maneras nuevas e inéditas. Algo así está sucediendo en los países donde los pueblos necesitan pelearle el día a día a unas derechas de nuevo tipo, tan demagógicas como autoritarias.

Miles de seguidores del presidente venezolano Nicolás Maduro se manifestaron este miércoles en Caracas con consignas antiimperialistas, en la conmemoración del Caracazo, como se conoce a la semana de saqueos y disturbios con centenares de muertos que sacudió a Venezuela hace 30 años.
Este país no sólo es interesante para las grandes potencias, además sirve para desplegar la campaña interna norteamericana: el atrasado mental de George W. Bush, por ejemplo, se hizo reelegir gracias a la guerra de Irak; Trump, cuya aventura intervencionista es rechazada por la mayoría de los países del mundo, pues no contó con la aprobación del Grupo de Lima, y recibió una segunda paliza por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, reunido en 26 de febrero, al negarle el apoyo.
Hoy, 26 de febrero de 2019, hemos sabido que el 13 de marzo próximo, dos semanas más, un tribunal de Melbourne, Australia, anunciará la condena del prelado católico George Pell.


