
A ritmo sostenido el gobierno de Piñera trabaja en silencio. Prepara la instalación futura de un gobierno de tinte fascista. Es su íntimo anhelo, aunque lo niegue. Realiza trabajos meritorios en ese sentido y la derecha lo aplaude, porque al jefe, ella le obsequió el empleo a cambio de impunidad. De solo hablar de la “Jungla”, cuyo nombre empieza a causar terror, cualquiera entiende el mensaje. Su activa presencia en la Araucanía, sinónimo de muerte, de la militarización de la zona, jamás visto en otros lugares del país, es clara demostración de un objetivo político. ¿A dónde apunta?
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