Al promediar la tarde del pasado jueves el equipo de comunicación de la presidencia divulgó una foto de Jair Bolsonaro en su lecho de hospital, firmando un papel. A su lado, un señor de traje oscuro, pulcramente afeitado y un tanto regordete, lo contempla con aire compenetrado. Su nombre es Jorge Oliveira, y en una de esas contradicciones típicas de un país típico, es el jefe de la Subjefatura de Asuntos Jurídicos de la Casa Civil. En idioma normal, asesor jurídico, el encargado de la revisión final de lo que firma el presidente.




En todos los conflictos agudos los actores principales son la mentira, la desolación y la muerte: en la Primera Guerra Mundial los sobrevivientes de las batallas tóxicas terminaban con sus rostros destruidos y el sistema nervioso deshecho. George W. Bush ordenaba esconder a los muertos en sacos de basura, durante la sangrienta guerra de Irak, a fin de rebajar el efecto mediático en las familias norteamericanas. Hoy, el Presidente Emmanuel Macron, que no logra detener la ya onceava manifestación de los “chalecos amarillos”, está provocando la aparición de caras rotas, al igual que en la 1ª Guerra Mundial, (en la Plaza de la República el dirigente Gerardo Rodríguez perdió un ojo, en una manifestación, y así muchos casos más). Donald Trump oculta las jaulas donde encierra a los niños centroamericanos.
El Departamento del Tesoro de EE.UU. ha fijado los plazos dentro de los que los ciudadanos estadounidenses y las empresas extranjeras pueden seguir comerciando con la compañía estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) sin verse expuestos a las potenciales sanciones del país norteamericano.