
Lukas Avendaño, puede pensarse como poeta, como narrador, como actor, como performancero, como muxe exponiendo ante el mundo el escarnio de su origen, de su etnia y de condición social. Como un antropólogo utilizando el inmenso escenario de las artes escénicas para realizar un trabajo de campo en los ojos de un público que lo observa asombrado y con minuciosa atención.

Gobiernos gemelos, los de Argentina y de Brasil, siguieron los mismos guiones. Superar a gobiernos populistas, que habían hecho gastar a sus países más de lo que podían – “Vivir encima de sus posibilidades”, como les gusta repetir -, restablecer el equilibrio en las cuentas públicas, controlar la inflación. Y listo, las economías retomarían sus cauces normales, orientadas por los equilibrios mágicos del mercado.
Como curas que nos hemos tomado en serio la promesa de Jesús de estar presente en los pobres y vulnerados (Mateo 25) no podemos dejar de hacer llegar a nuestro pueblo nuestra reflexión sobre lo que está sucediendo en nuestro país.
En Perú, la casi totalidad de las instituciones están podridas: los últimos Presidentes de la República, incluido PPK, han recibido dineros de las empresas brasileras, entre ellas, Odebrecht; por su parte, el Poder Judicial está moralmente destruido, pues las grabaciones entre los Jueces Supremos y los miembros del Consejo Nacional de la Magistratura han dado muestras fehacientes de la destrucción del sistema político peruano, y el Congreso unicameral es repudiado por la ciudadanía, tal vez en mayor grado que en los demás países de América Latina.
La diputada por Buenos Aires Elisa Carrió es tan miserable que no merece ser comparada con un grande como Salvador Allende; solo es empleada de los gorilas.

“La Pincoya, mejor que el Barrio Alto” (Joaquín Lavín en