A Fabricio lo conocí a mediados de los 50. Yo era jefe de Deportes de El Heraldo, y él había llegado creo que de Maturín, aunque era de Trujillo, donde nació en Boconó; fue maestro de escuela y comenzó a hacer periodismo antes de venir a Caracas. Se incorporó al diario, que dirigía Marco Aurelio Rodríguez, como reportero de Economía. Y en una asamblea de la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP) pronunció un fogoso discurso contra la dictadura y por la libertad de prensa. La Seguridad Nacional (SN) disolvió la reunión e hizo algunos presos. La actividad gremial (la AVP y el SNTP (Sindicato Nacional de Trabajadores de Prensa) estaban dirigidos por periodistas comunistas y adecos (de AD, Acción Democrática) que se habían salvado de las ilegalizaciones) reforzó nuestras relaciones, que se extendieron a las familias; a Dalia, su esposa, y Aída, la mía.
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