Después de siete años de investigación los 37 acusados del caso Gürtel (Correa, en alemán), estarán sentados en el banquillo de los acusados, y quizás sea el caso más importante de corrupción en la política española, en que los montos defraudados y la importancia política de los culpables sólo permite compararlo con el caso italiano, en que desaparecieron dos partidos políticos – la Democracia Cristiana, liderada por Giulio Andreotti, y los socialistas, al mando de Bettino Craxi – y, en Brasil actualmente, debido a la corrupción en Petrobrás, que tiene en las cuerdas flojas al Partido de los Trabajadores y a la mayoría de los miembros de la clase en el poder. Paradójicamente, en España, producto de la abstención del PSOE, va a gobernar el Partido más corrupto de Europa.

En política de izquierda cabe hacer siempre el esfuerzo de poner los acontecimientos en perspectiva. Tanto en Chile como en Occidente asistimos desde hace un par de décadas a la agonía de las socialdemocracias pese al cambio esperanzador que representó el triunfo de Jeremy Corbyn en la dirección del Partido Laborista británico.


Por 70 votos a favor, uno en contra y 33 abstenciones, la Sala de la Cámara de Diputados aprobó, el pasado 4 de octubre por medio de la cual se le solicita a la Presidenta Michelle Bachelet adoptar medidas para agilizar la tramitación del proyecto de ley que establece un nuevo mecanismo de financiamiento de las capacidades estratégicas de la Defensa Nacional e invertir excedentes de la Ley Reservada del Cobre (LRC) en Codelco.

Pasada la resaca electoral, circulan muchas evaluaciones, análisis y comentarios. Cada cual tiene todo el derecho de, a partir de su posición de clase o interés ideológico, sacar conclusiones, según los objetivos que defiende.