Que el dinero sea el dueño de la política no es nuevo, pues ha ocurrido a través de la historia de Chile y del resto de los países del mundo. Quizás, lo que sí podría llamar la atención se refiere a la rapidez en que una persona de clase media, con una vida “reguleque”, bastante inculto y vulgar, se transforma, de la noche a la mañana en millonario, sólo por el hecho de haber ocupado un cargo fiscal, o bien de parlamentario. Casos emblemáticos – como el del famoso matrimonio Dávalos-Compagnon – se ven a diario en La Moneda y en el Congreso, pues están colmados de arribistas y nuevos ricos quienes, por el solo hecho de ser el predilecto servidor de los jefes de partido, ha podido integrar las filas de la mafia del enriquecimiento rápido que es, por desgracia, el espectáculo de la política de hoy.
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