
El Mercurio se ha mantenido en el tiempo como el vocero de las diversas fracciones de la clase dominante chilena. Incluso las orienta cuando andan como almas en pena en medio de los escándalos de corrupción y desalentadas en medio de la vorágine de los resultados negativos de las encuestas producto de los renuncios del gobierno.

Durante el mes de septiembre iniciamos desde la Fundación Constituyente XXI en conjunto con la Mutual de Trabajadores del Transporte una serie de Talleres participativos por la Asamblea Constituyente destinados a elaborar contenidos para una nueva Constitución. El primero de ellos fue sobre régimen económico y propiedad y contó con la exposición de los economistas Andrés Solimano y Patricio Guzmán.
Sabemos cuán difícil le será cumplirle a los trabajadores y cuán fácil cumplirle a los poderosos. Lo hemos visto ya…” Salvador Allende

No resulta extraño que las declaraciones del Ministro Eyzaguirre sean calificadas como una honesta autocrítica, aún cuando en realidad son opiniones desleales con quien lo tiene en su puesto de Ministro, a la que debió advertir de sus visiones contrarias a la agenda de reformas antes de llevarla a cometer algunos de sus desatinos.
El presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier del Valle, compromete a su partido con el “proceso constituyente” anunciado por la presidenta Michelle Bachelet a partir de este mes de septiembre, y se pronuncia porque la nueva Constitución se origine en un amplio debate ciudadano que culmine en una Asamblea Constituyente, cuya propuesta sea refrendada por el pueblo mediante plebiscito. Anticipa que este proceso será largo y contradictorio, porque hay poderosos actores de la derecha e incluso de la Nueva Mayoría (NM) que se sienten más cómodos con la Constitución pinochetista.
La corrupción instalada en varios países de América, en vez de provocar la rebelión popular, produce apatía, desesperanza e inmovilismo en los ciudadanos, pues llega un momento en que el diagnóstico es evidente: todos los políticos son ladrones, todas las instituciones son corruptas, y votar por uno o por otro candidato sea en blanco, nulo o abstenerse da lo mismo. Este escenario de indolencia generalizada podría ser caracterizado como una “nihilismo” electoral.