La respuesta no tiene que ver con la ciencia de la balística. Tiene que ver con los que generan las condiciones para hacer puntería, disponer del armamento, dar las órdenes, para luego de matar en una sucesión de declaraciones y buenas intenciones, ocultar sus manos y borrar sus huellas.
Se ha escrito mucho y todos conocemos, con mayor o menor exactitud, las consecuencias múltiples de la crisis económica en Grecia. Pero hay otros efectos de carácter más político que económico que desearíamos también poner de relieve, y que probablemente no estuvieron, me parece, fuera de las intenciones del gobierno de Syriza y del primer ministro Alexis Tsipras.


Ante el asesinato de Nelson Quichillao López y la recurrente represión a los movimientos sociales, la Comisión Ética Contra la Tortura denunció mediante un comunicado que la persistencia de la movilización social en nuestro país se sigue topando repetidas veces con las mismas prácticas represivas heredadas de la dictadura y que supuestamente habíamos dejado atrás. La democracia en Chile, señala la Comisión, ha llegado a tal punto en el ejercicio de la represión que la criminalización de la protesta social parece no ser suficiente para contener las demandas por los derechos que exigen desde distintos puntos del país los trabajadores, estudiantes, pobladores y pueblos originarios.
El cambio de rumbo del gobierno, anunciado y denominado por Michelle Bachelet “realismo sin renuncia”, no es otra cosa que la vuelta a la comodidad de la inercia, al cauce conocido, a la gobernanza bajo familiares estructuras. No es un giro, ni un golpe de timón, y posiblemente menos un simbólico tercer gobierno de Bachelet. Este relajamiento, que es entrega y capitulación tras los breves esfuerzos e intentos de reformas, nos llevará en la inmediatez y en el corto plazo a las viejas políticas de los consensos.
