
El Presidente Evo Morales mete goles a su antojo a la Cancillería chilena. Hay una concepción siútica de la diplomacia que supone a los profesionales que la integran como limitados sólo a cocteles, diálogos concisos, frívolos y fríos y, como no soy populista, me abstengo de halagar las tonterías que piensan las “chusmas” en las encuestas de opinión, aleonados por unos parlamentarios chauvinistas, como Jorge Tarud, Iván Moreira y otros. No puedo coincidir con que los ministros de Relaciones Exteriores chilenos sean los mejores evaluados en todas las encuestas, por el contrario, siempre he considerado el rol de la Cancillería como uno de los más malos de América Latina – contados países pueden darse el lujo de ser enviados al Tribunal de Justicia de La Haya por dos de sus vecinos, Perú y Bolivia -. Nada más insensato que alimentar, con el dinero de todos los chilenos, a un gran número de ancianos ociosos que, incluso, usan babero y peluca y, además, se dan el gusto de reírse a carcajadas de los “sudacos”, únicos clientes que nutren su vanidad.
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