Sí. Los acontecimientos a nivel regional y mundial; los de nuestro propio país –supuesto modelo para las calificadoras de riesgo en inversiones- , demanda la expansión de una nueva conciencia ética. No me refiero a la ética entendida como mera prédica moral individual, sino a la ética como el ejercicio de una capacidad de reflexión y crítica acorde a valores y normas argumentables, respecto a lo que nos sucede, a las formas de vida, a las instituciones y sus lógicas de poder y funcionamiento. Sí, la necesitamos porque uno de los rasgos de esta civilización capitalista es justamente un hiperdesarrollo de los medios y un subdesarrollo creciente de la capacidad de juicio moral, personal y comunitaria, evaluada muchas veces desde los poderes fácticos, como mero subjetivismo, cuestión de gustos, irracionalidades, mero “populismo” o “izquierdismo”. Una conciencia ética como conciencia –de todo aquello que está sucediendo alrededor nuestro y bajo nuestros pies y que no somos capaces de comprender ni articular, salvo en su expresión puntual, superficial, casuística, miscelánea.
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