Los personajes de la élite corrupta chilena son tan ignorantes o, bien, confiados en que los “borregos“ ciudadanos, que ni siquiera los llamarán a rendir cuentas de sus abusos y sinvergüenzuras que no alcanzan a vislumbrar. Por ejemplo, en Brasil, la corrupción en la empresa Petrobras, no cortada a tiempo de raíz, está a punto del provocar el derrumbe del gobierno de Dilma Rousseff – en la actualidad tiene sólo un 13% de apoyo ciudadano, récord apenas superado por el gobierno de Fernando Collor de Mello con un 5%, destituido constitucionalmente por el Congreso de ese país, el 29 de diciembre de 1992. Así ha ocurrido con otros países casi siempre en la historia, pues los poderosos jamás han demostrado capacidad para evitar el camino errado, así sea por mero egoísmo de conservar sus privilegios. Ni siquiera, como Luis XIV, de Francia, son capaces de decir, “después de mí, el diluvio”.
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