
En la historia, las élites son las últimas en darse cuenta de que el derrumbe de lo viejo y vicioso, pues viven en un mundo feliz, muy lejano del quehacer de los ciudadanos de a pie. El gobierno reacciona sobre la base de errores “no forzados” y crea, en este caso concreto, una Comisión para la Trasparencia, pero seguramente, su único objetivo es emborrachar la perdiz. A estas alturas, ya nadie osa creer en los insignes intelectuales que la integran, pues de sus cabezas pueden salir ideas brillantes, pero no tiene ninguna idea sobre las vivencias de la gente común, abusada constantemente por los corruptos y, para rematar el desprestigio, uno de los integrantes de dicha Comisión es Olga Feliú, ex senadora designada e íntima colaboradora de Pinochet y, para rematar, protectora de la Colonia Dignidad.
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