Un coro sorprendente de figuras de la política estadunidense hacia Cuba –que incluye al empresario cubano-estadunidense tal vez más poderoso y al candidato demócrata a la gubernatura de Florida– muestra en los últimos días que se necesita una nueva canción en la relación bilateral, lo cual genera especulación sobre si habrá un mayor giro en la estrategia de Washington hacia la isla.
Según el último Informe del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile sobre el empleo en el Gran Santiago, “Sólo el 20% de los ocupados tiene ingresos sobre los $ 570 mil al mes”. En tal sentido, dicho Centro afirma que “La distribución de ingresos laborales totales se han mantenido altamente desigual en los últimos dos años”.
El nuevo Gabinete de la presidenta Bachelet está formado, lo que anunciamos en estas páginas, con muchos otros más (1), sólo se confirma: este gobierno será de corte social-liberal o más bien “transformista” y “progresista neoliberal”, con algunas reformas modernizadoras, intentando canalizar y domesticar la calle pero, fundamentalmente, en la continuidad del modelo impuesto a sangre y fuego hace 40 años por el golpe de estado. A menos que después de esta segunda vuelta electoral y reajuste en las alturas de sistema institucional, una tercera vuelta -social y popular- venga a poner de nuevo las rupturas a la orden del día.
En su intento por mitigar los efectos de la crisis financiera mundial, la Reserva Federal adoptó una postura de flexibilización monetaria desde 2008. Mantuvo tasas de interés cercanas a cero y abrió un programa de compras de títulos del Tesoro estadunidense para inyectar liquidez al sistema bancario y permitir el flujo de crédito a la economía. La realidad es que la inyección de liquidez mantuvo vivo el sistema de pagos interbancario, pero esos recursos nunca encontraron el camino del crédito a los consumidores y empresas. En cambio sí sirvieron para apuntalar una mayor actividad especulativa de los bancos y otros agentes financieros.