
El jueves 9 de mayo de 2013 ha sido una fecha trágica para el presente y el futuro inmediato de la humanidad, porque ese día se rebasó la cifra de 400 partículas por millón (400 ppm) de dióxido de Carbono (CO2) en la atmósfera, lo que constituye, sin exageración alguna, un salto hacia lo desconocido, a un punto de no retorno, porque el fatídico jueves mencionado se ha consumado una alteración de los grandes equilibrios climáticos y ecosistémicos del planeta, de un alcance negativo verdaderamente imprevisible. Como lo ha dicho el climatólogo Ralph Keeling: “Se siente como si estuviéramos en el paso entre el pasado y el futuro. Estos hitos son como el cambio de milenio. Sabes que vas a llegar ahí, pero siempre lo ves lejano, en el futuro. Y ahora, aquí estamos, transitando a una nueva era”. Renán Vega Cantor, Rebelión
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