Cuando tras haber efectuado elecciones presidenciales en 1940, 1944 y 1948 el país perecía haber rebasado el período de inestabilidad política asociado con el derrocamiento del tirano Gerardo Machado, no obstante la traición acechaba. A escasos tres meses de los comicios presidenciales, y ante la inminencia del triunfo del Partido Ortodoxo, fundado por Eduardo Chibas, y su derrota en las urnas, Fulgencio Batista, en connivencia con las fuerzas más retrogradas de la sociedad cubana y, como mínimo, el beneplácito de Estados Unidos, protagonizó el Golpe de Estado del 10 de marzo de 1952.
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