El domingo pasado se cumplieron 10 años. Una década. Cómo pasa el tiempo. El ataque de Al Qaeda a los Estados Unidos fue, para mi generación, el equivalente a la muerte de John Lennon para la de mis padres. O el atentado al Papa Juan Pablo II. O el bombardeo a La Moneda, acontecido otro 11S de fatídico recuerdo. ¿Qué hacía yo mientras los aviones se estrellaban en el World Trade Center? Dormía. Si, dormía, a las 8 y tanto de la mañana, en mí cuarto del Hogar Mapuche Pelontuwe, por entonces solo conocido como “Las Encinas” por la calle donde se ubica en el barrio universitario de Temuco. Además de cursar periodismo, por aquel entonces era un activo dirigente estudiantil y una interminable asamblea que culminó de madrugada me había dejado literalmente fuera de servicio.
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