Las elites binominales (Alianza y Concertación) se lamentaron de que “Obama no fijara planes concretos para la región en su discurso”. Todos querían algo más. Una dádiva especial, una señal que les permitiera vivir un “feeling” particular que los hiciera sentir que son la elite de un país con un destino manifiesto. Nada, salvo ese Tratado Nuclear que puede dar para lo peor. Eso sí, discursos que permiten descifrar un par de claves de la práctica política contemporánea.
No cabe duda, la obligación de adjetivar las conductas de los partidos socialdemócratas y progresistas como pertenecientes a la izquierda trae consigo ejercicios teórico-ideológicos propios de un malabarismo intelectual.
“El mundo árabe sólo ha conocido una revolución, la revolución nacional, en la que confluyeron algunas otras: intelectual (nacimiento del individuo y de la persona), social (nacimiento de la democracia), económica (nacimiento del cálculo social y de la preocupación por la producción): pero, debido a esta confusión de objetivos y aspiraciones, ninguna de ellas se ha realizado verdaderamente.”
La actriz Elizabeth Taylor, uno de los mitos del cine norteamericano, murió hoy, a los 79 años, víctima de una insuficiencia cardíaca, confirmó su agente Sally Morrison.
Una intensa crítica realizó la fuerza de izquierda frente a las altas condenas que otorgó el Tribunal de Cañete a los cuatro comuneros procesados por robo con intimidación y el atentado al Fiscal Mario Elgueta, hechos que ocurrieron entre el año 2005 y 2009.
Era la segunda mitad de los ochenta y yo trataba de aprenderme las letras de un flacuchento “malas pulgas” llamado Jorge González. Quizás porque sin saber de música ni de la vida, siempre encontré que el tipo transmitía un discurso que mi pluma abrazaría con los años de manera inconsciente. El de mirar la pata que cojea cuando la mesa se colmaba de exquisiteces. Tenía una que me enganchó por su ritmo. La que decía “Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos”.
Leí que en mi querido país –absolutamente desconocido para usted- dijo que “no debemos vivir atrapados en el pasado”, algo que al parecer usted hace muy bien. Debo decirle que el mismo día de su visita a Chile supe, por medios chilenos, la verdadera suerte de amigos y compañeros muy queridos de Temuco, que hasta ahora estaban (como muchos otros chilenos) desaparecidos.
Ayer fue un día largo. Atendía desde el mediodía las peripecias de Obama en Chile, como había hecho el día anterior con sus aventuras en la urbe de Río de Janeiro. Esa ciudad, en brillante desafío, había derrotado a Chicago en su aspiración a ser sede de la Olimpiada de 2016, cuando el nuevo Presidente de Estados Unidos y Premio Nobel de la Paz parecía un émulo de Martin Luther King.