Eran las cinco de la madrugada y Samir Flores Soberanes se preparaba para acudir a la estación comunitaria Radio Amiltzinko, que él mismo fundó en 2013 en Amilcingo, municipio de Temoac, Morelos, cuando su madre le avisó que lo buscaban afuera de su domicilio, a donde llegaron dos automóviles y los conductores lo llamaban a gritos. Cuando salió, se escucharon cuatro tiros: dos le dieron en la cabeza. Murió camino al hospital de Jonatepec.
Una declaración, impulsada por Esteban Volkov, nieto de Trotsky, y el CEIP “León Trotsky” de Argentina y México, ha reunido las firmas de destacados intelectuales de todo el mundo, como Slavoj Žižek, Fredric Jameson, Robert Brenner, Nancy Fraser, Mike Davis, Michael Löwy, Eduardo Grüner, Horacio González; así como importantes referentes políticos de la izquierda como Olivier Besancenot y Philippe Poutou del Nuevo Partido Anticapitalista de Francia, Nicolás del Caño, Myriam Bregman y Néstor Pitrola del Frente de Izquierda de Argentina, o el ex-candidato a presidente por el PSOL brasilero, Guilherme Boulos, entre otros.

No, no son los años 50 del siglo pasado. Estamos en pleno siglo XXI, pero la manida fórmula de la Guerra fría y la lucha contra el socialismo igual le sirve al presidente de la potencia más grande del mundo para justificar sus fines geopolíticos y electorales.
Figuras de la izquierda chilena catalogaron de injerencistas y violatorias del derecho internacional, la posición del presidente Sebastián Piñera, tras sus recientes declaraciones en donde señaló que viajaría a Cúcuta, Colombia, para entregar una supuesta “ayuda humanitaria” en la frontera del país

Los padres fundadores de Estados Unidos, siempre preocupados de que el Presidente de turno no se convirtiera en un rey absoluto, pensaron una serie de balances de poder, establecidos en las sucesivas enmiendas constitucionales.