
La invasión a Venezuela ya tiene fecha: 23 de febrero de 2019. Si no se llama así, ¿de qué manera se puede denominar la entrada por la fuerza a un país en contra de la voluntad de su gobierno, de sus fuerzas armadas y de la aplastante mayoría del pueblo?, sobre todo cuando las operaciones en terreno las dirige el Almirante Craig Faller Jefe del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y cuando quien funge como comandante en jefe es el presidente del país militarmente más poderoso del mundo, teniendo como lugartenientes a dos personajes con dudosos pasados democráticos: el primero, Sebastián Piñera, presidente de un país cuyo gobierno tiene su principal base de apoyo en un partido pinochetista e Iván Duque, elegido con el apoyo del partido del paramilitarismo, los falsos positivos, la represión y la muerte en los últimos años en Colombia.

Caracas. En el contexto de una prolongada guerra híbrida imperial de desgaste, el sábado 23 de febrero, calendarizado como el enésimo
Julio Borges, representante de Venezuela en el Grupo de Lima nombrado por el autoproclamado presidente Juan Guaidó, declaró este domingo que se solicitarán a dicho bloque 
Sebastián Piñera debe ser de los políticos y empresarios que más le debe a Augusto Pinochet y a la dictadura que se prolongó en Chile por diecisiete años. El no llegó a 1973 con una holgada situación: muchos recordamos que su madre atendía un kiosco en el Campus Oriente de la Universidad Católica donde vendía sándwiches, refrescos, dulces y otros a los estudiantes, profesores y funcionarios del recinto. Lo hacía, sin duda, para financiar los gastos de sus hijos, puesto que los ingresos de su marido, un excéntrico diplomático, simplemente no alcanzaban para “mantener la casa”, como ella misma lo comentaba.
Nunca a los poderosos les ha preocupado las desgracias de los muertos de hambre: les importa un rábano el que los negros haitianos se maten entre ellos, y que los centroamericanos se mueran de hambre y se vean obligados a emigrar en grandes caravanas, con recorridos de miles de kilómetros pues, al fin y al cabo, en esos países será nominado un Presidente pro-yanqui – así se haya robado las elecciones, como en el caso Juan Orlando Hernández en Honduras y el ladrón de Jimmy Morales en Guatemala mienta con el lema no roba-.
Este fin de semana nuestro sistema informativo se debatió entre las frivolidades de la Gala -previa al Festival de Viña del Mar- y la grave situación generada en el hermano pueblo de Venezuela, a propósito de la autoproclamación presidencial de Juan Guaidós, y la supuesta ayuda humanitaria que Piñera y otros entregarían en la frontera.