
A Rafael, mi hijo, se le ocurrió una buena comparación entre la cruzada de los niños, en el año 1212, y la caravana de inmigrantes hondureños, actualmente. El Papa Urbano II (1095) prometía un pasaje seguro al cielo a quienes lucharan por liberar a la Ciudad Santa, Jerusalén, en manos de los herejes musulmanes. Como con el dinero de los ricos no bastaba, había que incorporar a los pobres a través de las ventas de indulgencias, es decir, el reparto de “certificados” que evitaban días de purgatorio.

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Era completamente previsible que las fuerzas armadas y policiales que estuvieron tan largos años tuteladas por Pinochet e instigadas a cometer los más atroces crímenes contra nuestra población, finalmente perdieran también sus escrúpulos en materia de probidad. Que a sus graves violaciones de los Derechos Humanos sus efectivos sumaran posteriormente todo tipo de acciones al defraudar al Estado, apropiarse de los recursos fiscales y acometer otra suerte de delitos a fin de enriquecerse personalmente. Al grado de convertirse en proveedores de armas de las bandas de delincuentes comunes y narcotraficantes, tal como hoy se sabe o, más bien, se asume públicamente.
Nos hemos convertido en seres mediáticos, vivimos online, conectados, en permanente relación con medios y mucho de lo que hacemos tiene que ver con ellos. Además, la comunicación ha superado hoy los límites del tiempo y del espacio. El mundo digital de la comunicación va suplantando al viejo mundo analógico. Todo es inmediato y cercano. Los bits de información se nos introducen por todos los poros. 55% de las personas en el planeta ya tiene acceso a internet. Ya terminó aquel corto tiempo en que internet parecía ser lo que prometía, una fabulosa red de intercambio de conocimiento. Hoy a través de la red viaja cada vez más basura.

Se puede afirmar que en Chile no existe una figura destacada en el campo de la estrategia militar, que se desprenda del linaje criollo. Del pueblo mapuche no se puede decir lo mismo: los únicos estrategas de peso histórico, nacidos y criados en el suelo de este extremo Este y Sur de América,
En la segunda mitad del siglo XIX el francés Aurelie Antoine Tounens, (1825-1878), un poco antes de la llamada “pacificación de la Araucanía”, (1881), fue proclamado por un grupo de lonkos como rey de la Araucanía y de la Patagonia. Antes de la ocupación chilena el territorio mapuche se extendía desde el Bío Bío hasta Chiloé, desde el Océano Pacífico al Atlántico.