
El presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, está ofreciendo sus servicios a Estados Unidos para agredir a Cuba, a Venezuela y a todo lo que huela a progresista en nuestra América. Las calumniosas y sistemáticas declaraciones contra la presencia de los médicos cubanos en ese país, programa al que se opuso vehementemente desde que fue propuesto por la depuesta presidenta Dilma Rousseff, responden a esa condición servil y rabiosamente reaccionaria, decidida a convertir al gigante sudamericano en un belicoso peón de la política imperialista de Estados Unidos en la región.
La posible extradición a EEUU de Jesús Santrich, exlíder de las FARC, por presunto narcotráfico, puede derivar en un reagrupamiento de los excomandantes de esa antigua guerrilla colombiana y una vuelta a las armas, indica un informe de seguimiento al acuerdo de paz, difundido el martes.
Estamos viendo la vuelta a Haití de haitianos que habían elegido Chile para vivir mejor. No sabemos si la embajada de Haití ha informado a los retornantes acerca de la situación que los espera en su patria. Tampoco si lo han hecho los ahora voluntariosos funcionarios de nuestro gobierno que los atienden tan amables para subirlos al avión.
Han pasado los días y aún el mundo no sale de su asombro. Serán 30 millones los brasileños que a partir del 2019 extrañarán el acompañamiento de los médicos cubanos, quienes les aseguraban uno de los derechos humanos más valiosos: la salud pública.
Cuando hablamos de guerra económica, lo primero que se nos viene a la cabeza es una disputa entre bloques (EEUU, China y Unión Europea, principalmente), pero la verdadera guerra económica vigente es la que el capitalismo en su conjunto está librando contra la humanidad y el propio planeta.