La última fue la respuesta que recibió Jesús de Polanco, un veterano ejecutivo del poderoso grupo comunicacional PRISA, de parte de la directiva del PP en forma de comunicado público, en el cual descalifica, amenaza y propone acciones de boicot hacia los medios de prensa del citado grupo. De Polanco había expresado su opinión sobre las actuaciones de la directiva del PP que encabeza Mariano Rajoy, especialmente centrada en las manifestaciones y declaraciones de la derecha en torno a ETA y a los esfuerzos por conseguir la paz en el Pais Vasco. Y la respuesta fue más que contundente demostración de intolerancia. Al extremo que ha conseguido unir a toda la clase política democrática no adscrita al PP para criticar estas actitudes: desde los movimientos nacionalistas de tendencia demócratacristiana, pasando por los socialistas, hasta los comunistas de Izquierda Unida. Todos. Todos contra el PP….pero, más que eso, todos contra las actitudes ultraderechistas que están imponiendose en el PP.
Una oposición debe ser crítica con la labor de cualquier gobierno. Debe denunciar abusos, malas gestiones y corrupciones, si las hay. Pero, a la vez, debe proponer soluciones, alternativas de gobierno, para que la sociedad entienda los procesos, conozca los programas e ideas, los compare y luego, libremente, elija lo que estime mejor para las aspiraciones generales. Es el juego democrático elemental. Discrepar, discutir significa avanzar. Ya un antiguo dirigente político de talla mundial lo dijo: de la discusión nace la luz. Pero, claro, de la discusión, del aporte de ideas, con altura de miras. Pero la mediocridad del exabrupto, de la ofensa desproporcionada, de la descalificación barata y de las amenazas, solamente conducirá al desplome de la moral de un pueblo, a su desánimo y al descrédito de toda una clase política, comenzando por quienes lo practican, claro.
El Partido Popular está llevando a la sociedad española a una constante tensión, a un enfrentamiento manipulado y ficticio, a un peligroso juego totalitario. Cualquier cosa vale, como por ejemplo, utilizar las tragedias ocasionadas por el terrorismo para manipular, tergiversar y tensionar la cuerda del aguante social. Todo, en nombre de sus pequeños pero ambiciosos intereses de grupitos. Y eso no es política.
Ahora se lanza en una campaña tendente a desconocer la libertad de expresión, disparando con cañonazos extremistas las declaraciones de un empresario de la comunicación. ¿Con qué fin? ¿Acaso se pretende acallar las ideas discrepantes con la muerte del mensajero?. Dijo un pensador algo así como “aunque no las comparto, daría mi vida porque tus ideas se conozcan”…lo que queda en las antípodas de lo que ahora hace y dice el PP español, en una preocupante demostración de que el franquismo renace de sus cenizas de la mano de un grupito que se ha hecho con las riendas de un partido necesario para el desarrollo democrático español.