En 1897 Emile Durkhein escribió su obra maestra, El suicidio, dividiéndolo en altruista – dar la vida en razón de la cohesión social -, egoísta – que se produce en sociedad donde se carece de cohesión social -, anémico – en sociedades donde no existen normas – y fatalista – el individuo se ve presionado a suicidarse -.
Aguantó nueve siglos en pie; sobrevivió a la guerra de los Cien Años, a la Revolución francesa, a la comuna de París y a dos guerras mundiales. Jamás sufrió un incendio, salvo en la ficción de Victor Hugo. Y ahora, en abril de 2019, entre algoritmos y drones, ha ardido como una cerilla en pocos minutos, ¡y sin motivo!




Conmoción generó en quienes integran la comisión que investiga las actuaciones del Ministerio de Salud y otros organismos públicos frente a la crisis que afecta a Chile en el tratamiento del VIH Sida desde 2010 a 2018 que, dentro de la población que participó del retorno humanitario a Haití, al menos dos eran portadores de este virus para el cual en ese país no se contarían con los medicamentos para tratarlo.