Quienes marcharon este domingo por las calles de distintas ciudades, exigiendo el fin de las APF, otra vez demostraron ingenuidad. De ser ecuánimes y si se valorara a la dictadura de Pinochet, ella se esforzó en dotar a Chile de instituciones vitales para el desarrollo del país. Es así cómo, las AFP constituyen el pilar de su herencia y legado político y no deben ser tocadas. Hacerlo es sacrilegio. Usted dirá que son empresas amantes del delirante lucro, ajenas a la solidaridad, que terminan entregando migajas a sus asociados, pero tal afirmación constituye una falacia. Veamos el tema bajo la luz de la objetividad. Si usted en su vida laborar no cotizó lo suficiente ¿por qué culpar de su irresponsabilidad a estas instituciones privadas? Por ejemplo, usted en vacaciones iba a la playa con su familia durante una semana, en vez de haberlo hecho por un fin de semana. ¿Pensó en la austeridad? Vemos que no. ¿Y qué me dice de la oportunidad cuando viajó a México en compañía de su familia, a visitar al hijo exiliado, al insensato revolucionario que pretendía implantar el socialismo en nuestra patria? ¿De dónde usted obtuvo los recursos? Alegará lo siguiente: “Se hizo una colecta entre las amistades, un bingo en el barrio y la rifa de un mantel bordado por la abuela. Se solicitaron préstamos a las casas comerciales y se vendió un cuadro al óleo de Juan Francisco González”. Su explicación me satisface a medias. Tenía que haber depositado ese dinerillo en la AFP, pensando en el mañana. No lo realizó en su oportunidad y puso en riesgo su futuro. Actuó, como es usual en nuestro país: vivir al día.
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