Cúcuta, Colombia, el hambre acecha a miles de hogares de campesinos, la región es la más deprimida, pobre y degradada del país. En su territorio conviven terratenientes, contrabandistas, especuladores, paramilitares, narcotraficantes y guarimberos venezolanos. El 23 de febrero de 2019 su territorio escenificó una farsa. Los halcones de la Casa Blanca buscaron asestar un golpe definitivo contra el gobierno legítimo de Venezuela. Una caravana de dudoso contenido humanitario, procedente de las reservas militares de Estados Unidos, se convirtió en el pretexto para una invasión. Los cucuteños contemplaron atónitos la trama. Iván Duque, mandatario de Colombia, el anfitrión, escolta al autoproclamado presidente encargado
de Venezuela, Juan Guaidó. Le acompañan el secretario general de la OEA, Luis Almagro, los presidentes de Chile, Sebastián Piñera; de Paraguay, Mario Abdó, y la vicepresidente de Colombia, Marta Lucía Ramírez. Todos supervisados por Kimberly Breier, subsecretaria de Estado para asuntos del hemisferio occidental, cuya presencia delata quién está al mando de la operación. Un día antes, Elliott Abrams, el enviado especial de Donald Trump para Venezuela dio las instrucciones. La trama se recubre de un tono lúdico festivo.
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