
Vivimos un tiempo en el que las mayores anomalías ocurren bajo el manto de la más rutinaria normalidad y en el cumplimiento escrupuloso de todos los reglamentos vigentes. Son afloramientos de una cultura política y burocrática que se caracteriza por la manipulación de las reglas en la convicción de que quien es víctima de ella no tiene condiciones para identificarla o reaccionar contra ella. Constituyen la falacia de la democracia: cuando se desconoce la ética democrática, lo excepcional deja de serlo por la simple frecuencia con la que ocurre. Los verdaderos designios que lo promueven son ocultados por el barniz burocrático. Entre los ejemplos más recientes podríamos mencionar el proceso de impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff y la manera injusta en la que se condenó y encarceló al expresidente Lula da Silva.
Como si luego de haber soñado con mucha lluvia, dos grupos del Frente Amplio deciden organizar un partido de izquierda, como si fuera un asunto fácil. Una pequeña mesa redonda bastaría, según ellos.
El ministro en visita extraordinaria para causas de Derechos Humanos de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, Jaime Arancibia Pinto, dictó un auto de procesamiento contra diez exagentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI) por el homicidio calificado de Carmen Gloria Larenas Molina, ilícito registrado en Viña del Mar 12 de julio de 1983 durante la tercera jornada de protesta nacional.

Al momento de escribir estas notas, la confirmación de la persona nominada por el presidente Trump para ocupar el puesto vacante en la Suprema Corte de Estados Unidos pende de un hilo. El voto de dos o tres senadores republicanos puede coartar el ascenso de alguien que a lo largo de su carrera como juez federal se ha distinguido por su oposición a la libertad de las mujeres para decidir sobre la reproducción, a sus alianzas con el sector corporativo y a las reivindicaciones de los trabajadores.
Llevo treinta años viviendo en Estados Unidos y por la TV he visto en la Casa Blanca a prácticamente todos los mandatarios del mundo. Pero nunca había visto a uno blandiendo ante las cámaras una bandera, ni de Estados Unidos ni de su país…hasta que llegó Sebastián Piñera mostrando una bandera de Estados Unidos con un banderita chilena incrustada en la norteamericana.
Este 1º de octubre de 2018, luego de 5 años de tramitación, los 15 Jueces de La Corte Internacional de Justicia de La Haya acordaron por 12 votas contra 3 desestimar la propuesta boliviana de obligar a Chile a negociar una salida soberana al mar. A pesar de que ese fallo contundente favorece a Chile, sigo pensando que se debe desahuciar el Pacto de Bogotá, que somete la soberanía de los países a un Tribunal, cuyos fallos son muy discutibles.