Tanto a Sebastián Piñera como a Alejandro Guillier se les pueden aplicar las paradojas que tanto empleaba el gran Miguel de Unamuno en sus obras filosóficas y literarias. Los dos candidatos, con sus respectivas alianzas, ganaron y perdieron a la vez: fueron primero y segundo, respectivamente, en la primera vuelta, por consiguiente, pasaron al balotaje, pero fueron “derrotados” también, pues en el caso de Piñera las expectativas fluctuaban entre ganar el 51% y ser electo en la primera vuelta; en el segundo escenario, las encuestas le aseguraban un 45% – sus partidarios más realistas le auguraban un 40% -; de todas maneras, Piñera ganaría en la primera y segunda vueltas.
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