Es cierto eso de que “mal de muchos……”, pero a veces vale la pena observar lo que está ocurriendo en los alrededores, no para consolarse, sino para tratar de entender el momento histórico en que nos encontramos. Mirando solo a América, ahora es Brasil. Y parece una sinfonía con lo que ocurre en Estados Unidos, en Argentina, en Paraguay, en Ecuador, en México, en Bolivia, en Perú, en Colombia, en Venezuela, y, claro, entre nosotros. Cada uno con las particularidades propias de la cultura autóctona. Pero con factores que son comunes, aunque a veces algunos se encuentren más exacerbados. Eso sí, la corrupción y la ramplonería, son generales.
Si Aristóteles escribió su “Magna Moralia”, Theodoro Adorno debió contentarse, dos mil años después, con escribir su “Mínima Moralia”, que él mismo la define como la moral del hombre dañado. Es, también lo dice, la moral del capitalismo de las dos grandes guerras, esa que declara, para la moral económica: “se debe dar mucho menos a los otros que lo que ellos le entregan al capitalista”, definiendo el derecho a la desigualdad como ética aceptable para la vida moderna.
En noviembre de 1988 –un mes después del histórico Plebiscito del SI y del NO- todos en Chile sabían que el próximo gobierno sería ganado por el nuevo bloque político formado un año antes para derrotar a Pinochet en las urnas. En ese conglomerado las tiendas partidistas que lo conformaban tenían muy claro qué era lo que no deseaban para Chile, pero jamás se pusieron de acuerdo respecto a lo que sí deseaban. Más temprano que tarde se fue imponiendo la idea de “acordar tácticamente” con la dictadura a objeto de lograr gobernabilidad, ya que el miedo a los fusiles y el terror a un nuevo exilio eran cosa cierta en los pellejos de los dirigentes concertacionistas.
Una de los argumentos preferidos de la casta política y en especial de la Nueva Mayoría es que las fórmulas alternativas a su duopolio no tendrían capacidad para gobernar. De un plumazo el sociólogo y académico universitario Alberto Mayol demostró la falacia de esa descalificación.
Ya se cumplieron diez años desde que Rafael Correa, recién elegido presidente de Ecuador, anunciaba que el país empezaba a salir de la larga noche del neoliberalismo y que el continente ya no estaba en una época de cambio, sino en un cambio de época. La nueva época sería la de superación del modelo neoliberal, al que se entregaron varios gobiernos de la región.
Nuevamente, el centro cultural más antiguo del país abre sus puertas para celebrar el Día del Patrimonio Cultural, oportunidad en la cual el público podrá recorrer el Teatro Municipal de Santiago y disfrutar de presentaciones musicales y otras actividades para toda la familia.
Este Día del Patrimonio está “prohibido no jugar”, la idea es volver a la rayuela, la pichanga, las bolitas, la payaya, el trompo, entre otros, como también utilizar el juego en las aperturas de edificios y sitios patrimoniales. El slogan de este año es “1, 2, 3 por mí y por todo nuestro patrimonio” como una exclamación colectiva a volver a juntarnos como sociedad.
El norte no siempre es Estados Unidos, el norte, para los migrantes y desplazados es un lugar lejano al que van en busca de la utopía. Obligados por las circunstancias, esas circunstancias tienen responsables: un Estado inoperante, un sistema avasallador por tradición y una sociedad inhumana e insensible.