Los marxistas decíamos que la misión principal del Estado capitalista era la represión de la clase que conformaba la burguesía por ser propietaria de los medios de producción, sobre las demás. Después comprobamos con tristeza que ello ocurría en todos los sistemas. También que hay Estados capitalistas que reprimen, pero que protegen. Ese podría ser el caso de los países escandinavos. También el Estado japonés se ha caracterizado por mantener alguna preocupación por los más débiles y en la actualidad lo ha manifestado frente al trabajo precario. Se ha preocupado de legislar sobre este y, en particular, sobre el “karoshi” nombre que se le ha dado al fenómeno de la muerte por exceso de trabajo. Y no es la muerte de trabajadores viejos o de mediana edad, ni de los que ejecutan los trabajos pesados, sino de trabajadores jóvenes, que aún no han llegado a la treintena y que trabajan en el escritorio. El Ministerio de Sanidad del Japón lo reconoció en 1987 y estima que podría llegar a causar alrededor de 10.000 muertes anuales. La mayoría de los casos de “karoshi” se producen por derrames cerebrales y ataques cardíacos en jóvenes que hacen un excesivo número de horas extraordinarias. Dados los bajos salarios, hay trabajadores que pueden llegar a hacer más de 100 horas extraordinarias en una semana y por largos períodos. Situación prohibida por la legislación laboral japonesa, pero que muchas veces los mismos trabajadores la esconden para poder mantenerla. La muerte de un trabajador que ha trabajado 100 horas semanales durante tres meses ya es calificada como karoshi y si un juez lo determina así, su familia recibe una compensación de unos US$20.000 por parte del gobierno y pagos de hasta US$1,6 millones por parte de la compañía.
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