El año recién se estrenó, pero ya dio amplias y sólidas muestras de cómo serán sus días y sus noches. Puso en claro una de las llagas sociales más agudas de mi país –la cuestión de los presidios–, reforzó la ineptitud y la falta de estatura del presidente que llegó adonde está gracias a un golpe parlamentario, exhibió con rara transparencia los desvíos éticos de integrantes del Poder Judicial, Supremo Tribunal Federal inclusive, y, por si todo eso fuera poco, lanzó avisos y alertas de que el convulso cuadro político, social y económico seguirá amenazando un futuro ya bastante amenazado. Todo eso dos semanas: no está mal, para asegurar la destrucción de lo conquistado.
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