La investigadora de MORI y del Barómetro Latinoamericano tiene, casi siempre, juicios muy acertados: en sus encuestas se demuestra que el 80% de las personas que entregan boletas y facturas, estas son de índole ideológicamente falsas, pero las que emiten las personalidades públicas son más visibles. Creer que existe una élite podrida y una sociedad civil inmaculada es propia de ingenuos e insensatos. Siempre se me viene a la cabeza la historia de Savonarola, este monje franciscano que, en nombre de la pureza cristiana, quemaba El Decamerón, y Las Venus, de Boticelli – este último artista, se convirtió en un fanático del monje y cambió sus excelentes pinturas clásicas por Vírgenes muy bien ataviadas, pero carentes de las gracias propias de la mujer desnuda -. Afortunadamente, el fanático religioso Savonarola terminó su vida bajo la hoguera, en la Plaza de Signoria, en Florencia.
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