
Las elecciones periódicas, limpias y bien informadas deben ser siempre el mecanismo democrático para la elección de nuestras autoridades. Sin embargo, al elegir a nuestros representantes no estamos dándole un cheque en blanco para que éstas dispongan lo que quieran e incluso contradigan con sus actos lo que prometieron como candidatos. De allí que las democracias serias contemplen el plebiscito para que los ciudadanos se manifiesten con más regularidad y tomen definiciones respecto de temas más relevantes que no tendrían por qué quedar sometidas a las decisiones de los legisladores, a los vaivenes de la política y a las órdenes de partido.




Así pareciera estimado lector y lectora. Cuando se habla o discute sobre el proceso de modernizaciones de rasgo neoliberal y globalizador –impuesto en el país a fines de los setentas-, muchas veces se lo hace como si sus efectos y consecuencias solo se sintieran y percibieran en el sistema económico y en el sociopolítico y jurídico. Léase privatizaciones de empresas públicas, transnacionalización de bienes fundamentales, como el agua, el plan laboral, y un largo etc.

