
Uno de los peligros más grandes que atenta contra la política y los políticos, más bien contra los ciudadanos, es que los medios se conviertan en fines. Así, pudimos ver cómo la dictadura del proletariado, que solo era un medio para socializar los medios de producción y que pudiéramos vivir libres en una sociedad sin clases, se convirtió en un fin en sí mismo. En Chile, hace tiempo, los políticos trabajan más en buscar las formas de perpetuarse en un cargo o ascender a otro, que estar en estos para cumplir los programas prometidos. Si contáramos las horas malgastadas en esto, nos sorprenderíamos mucho más que con los millones que ha pagado SOQUIMICH. En los últimos meses, más de un año, todos los esfuerzos se han gastado en tapar, denunciar o ver la salida para que todo siga igual. ¡Qué lindo sería y qué efecto más maravilloso tendría en la tristeza y decepción de los engañados, que todos los miembros del Congreso renunciaran para llamar a nuevas elecciones! Sería tan impresionante como que Piñera hubiera donado su sueldo como lo hizo Mujica en Uruguay. Lo que todavía podría hacer ya que lo recibirá hasta su muerte, especialmente después haber subido un lugar en los rankings de los billonarios más ricos del mundo de la revista Forbes. Pero, la generosidad no está a la orden del día y lo que vale es cómo seguir detentando el poder sin pensar en lo que Chile necesita.
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