
La campaña electoral en EEUU ha tomado un curso pocas veces – quizás nunca – vista en el pasado. Los dos grandes partidos políticos, el Demócrata –fundado a principios del siglo XIX – y el Republicano – a mediados del decimonono – se han colocado en posiciones políticas sin salida. Por un lado, Donald Trump, el especulador de Nueva York, se tomó el ‘Partido de Lincoln’ mientras que las elites (el ‘establishment’) jugaban con evangélicos, conservadores y una masa de trabajadores frustrados que terminaron dándole vuelta a la mesa.
¿Hasta cuándo la casta política pretende seguir buscándole el cuesco a la breva con argumentos pueriles para no reconocer que la crisis que afecta al país -política e institucional, como hemos sostenido siempre en estas columnas-, solo tiene una solución democrática: convocar a la Asamblea Constituyente que someta una nueva Constitución al veredicto del pueblo?
La prensa y usuarios de redes sociales en China criticaron este miércoles el pobre rendimiento de sus deportistas en los Juegos Olímpicos de Rio, donde el gigante asiático ocupa la tercera posición del medallero, por detrás de Estados Unidos y Gran Bretaña.




